viernes, 22 de marzo de 2013

Los Funerales de la mamá grande


A lo largo de los años, una de las constantes en mi trabajo fotográfico ha sido mi fascinación por la casa que  injustamente he identificado hasta el día de hoy como la casa de Rafael Cabrera. La verdad es que Cabrera nos dejó hace ya casi 40 años, y desde entonces la vida en esa casa, ha girado alrededor de Doña Julia.

En la época que mi padre llegó a San Isidro, hace más de 50 años, era evidente que había varias familias muy grandes que dominaban la vida local. No era difícil darse cuenta de que en aquel tiempo solo las minorías no pertenecían directa o indirectamente a alguna de estas grandes familias como los Cerna, los Marroquín, los Granados, los Cortez, los Gutiérrez, etc. Los demás no contábamos mucho en aquel mundo.

Doña Julia era la matriarca del clan Cerna-Cabrera. Varios de mis amigos de infancia provenían de dicho clan, entre ellos Carlos y Jorge, con quienes coincidimos en los años de la escuela primaria. También tuve el privilegio de conocer a varias de sus hermanas:  Doña Fina, Doña Toñita y Doña Paca.

La cantidad de historias y anécdotas que se podrían contar es un universo infinito en comparación a lo que podemos abordar en un blog, pero yo apostaría por una historia en particular: 

Durante muchos años Doña Julia se dedicó a preparar y vender "Ponche" los sábados de pago por la noche y también, creo, durante las noches de otras fechas importantes en San Isidro (Viernes Santo y Noche de Año Viejo). Como todos sabemos, el Ponche tal como se conoce en San Isidro, es una bebida caliente preparada en base a leche, y a la hora de servirla se le puede agregar un toquecito de aguardiente, que en San Isidro sería "Tres Puentes".  Una de esas noches de sábado...

- Buenas noches, Niña Julita, me regala un ponche por favor
- ¿Con guaro o sin Guaro?
- Mejor sin ponche....

Esta semana tuvo lugar su funeral, y su desaparición física también marca de alguna manera la extinción de  una época, una edad de la inocencia, de la  cual, mi generación apenas pudo contemplar un fragmento. Como otras Matriarcas, doña Julia es irreemplazable, y como respuesta a lo que no supimos preguntar solo nos quedará  el silencio.




2 comentarios:

Elvia Castro dijo...

Que bonita publicación, y bien dicho el encabezado ¨Mamá Grande¨ una mujer con un corazón fuerte, bondadoso, generoso, noble...Mamá Julia una mujer grande...Gracias...

Silvia Granados dijo...

Sí, me recuerdo de ese ponche...lo tomaba sin guaro por supuesto. Me encantan tus historias, porque me hace recordar mi niñez, pobre pero alegre.