martes, 3 de mayo de 2016

Past-Beatles


 Life is what happen to you while you're busy making other plans
JOHN LENNON

"Antes de cruzar la calle, toma mi mano, la vida es lo que te sucede mientras tú estás ocupado haciendo otros planes" escribía John Lennon a su hijo Sean en la canción "Beatiful Boy", un testamento que terminamos heredando todos aquí abajo. Más pesado fue  el testamento que nos dejó Paul en "Carry that Weight" (Boy, you're going to Carry that Weight/ Carry that Weight/ a long time), y vaya que han sido 46 largos años de llevar ese peso. Los que recién hemos sido bienvenidos al club de los sesenta, tenemos el dudoso consuelo de que llegamos levemente tarde al fenómeno Beatle.  Cuando cumplí 15, los Beatles ya se habían separado. Construir nostalgias de San Isidro alrededor de sus canciones fue un proceso arrevesado, por decirlo de algún modo, especialmente para muchos que como yo, pudimos escuchar las versiones originales de "Yesterday", o "Sgt. Pepper" o "A day in the life"  apenas en 1970 o 1971. En aquel tiempo, y en aquel mundo rural, tener un tocadiscos o una reproductora de cassette eran sueños casi imposibles. Tuvimos que esperar hasta que las radioemisoras que se podían escuchar en aquel Macondo, se dieron por vencidas y programaron algo de aquella música.

A pesar de que en el 71, yo estudiaba el bachillerato en San Salvador, una huelga de maestros me obligó a pasar varias semanas en San Isidro. Recuerdo nítidamente que durante una caminata por uno de los  cafetales  comenzó a sonar "Yesterday" en la radio que llevaba uno de nuestros amigos.  Aquel día la caminata terminó estrepitosamente cuando dos de las chicas tuvieron un encuentro casi cercano con una serpiente coralillo. En aquella epoca recién había fallecido Jorge Luis Cuellar, un trabajador social que había llegado a la hacienda a finales de 1970. Otro día de la misma temporada, caminando por una vereda en medio de la milpa, comenzó a sonar a lo lejos la canción "Uncle Albert/Admiral Halsey" de  McCartney. Desde aquel día, para mí es prácticamente  imposible escuchar "Uncle Albert/Admiral Halsey" y no regresar con la imaginación al San Isidro de 1971. En aquel tiempo éramos jóvenes pero apenas lo sabíamos. (Benedetti dixit).

Para aquella generación, el sountrack de la película de la vida lo fuimos construyendo con retazos de canciones de los Beatles, y de otros por supuesto, pero los Beatles eran otra cosa. Por ejemplo a Óscar Cabrera siempre lo he asociado con la canción "I'll follow the sun", y al grupo que aparece en la fotografía en el punto de buses de San Isidro, lo asocio con el combo "My Love"/"Give me Love". En un caso extremo, "Photograph" de Ringo, casi me hace sentir que estoy de vacaciones de fin de año, y que ceno con mi hermana en la cocina de la casa de mi padre. Estamos hablando de 1972-1973. En la ópera, la historia, la trama o plot como se dice en inglés, se desarrolla solamente cuando los personajes recitan, cuando hablan; sin embargo cuando cantan  durante las arias, o durante las canciones, el tiempo se detiene, y los conspiradores permanecen congelados. En la vida imitando al arte sucede otro tanto igual. Las canciones de los Beatles, o de otros, no solo detienen el tiempo, sino que también lo retuercen como las gotas de Luna en el poema de Sabines. Así que esto es lo que puedo escribir para acompañar esta antología Past-Beatles, el resto necesitaría que el autor y los personajes usaran máscaras como Don Giovani. Solo con máscaras se cuenta toda la verdad.

EPÍLOGO
Está bastante claro -para quien escribe- que toda esta telaraña tejida alrededor de los Beatles no sería lo que llegó a ser sin ese primer disco (el LP "Abbey Road") que Mamaría nos compró hace casi 47 años en Kismet, del cual comenzamos a escuchar el lado B hasta que el lado A era prácticamente puro scratch. Tampoco esta historia sería la misma sin un hermano guitarrista como Victor que de alguna manera me sirvió de guía espiritual en ese mundo neblinezco del rock. Nobleza obliga....



domingo, 24 de abril de 2016

Dos imágenes Shakesperianas

No sé si Shakespeare se tomaría a pecho el hecho que para los de mi generación, Romeo y Julieta sea más una película de Franco Zeffirelli, y sobre todo un sountrack de Nino Rota, que una obra de William Shakespeare, algo que leíamos ya masticado, por obligación. A pesar de todo, en medio del estruendo  holliwoodiano lograron sobrevivir dos imágenes Shakesperianas, las cuales para mí consuelo son auténticas. En una de ellas, Capuleto conversa con Paris, tratando de esquivar el ponzoñoso asunto de la petición de la mano de Julieta:

Paris: Y ahora señor, ¿qué contestas a mi petición?
Capuleto: No haré más que repetir lo que he dicho. Mi niña es una extraña en el mundo, aún no tiene 14 años. Deja que otros dos veranos se extingan es su esplendor antes que digamos que está lista para el matrimonio.
Paris: Otra más jóvenes que ella son ya felices madres.
Capuleto: Pues, ¡También se marchitan demasiado pronto las que se casan tan jóven!
La otra imagen que quedó registrada en mi memoria no volátil. -por culpa de Zeffirelli- es aquella frase que adaptada al siglo XX suena más a García Márquez que a Shakespeare, en la que se resume la filosofía popular en relación a las niñas que en el proceso de aprender a caminar se caen de bruces:

"Sí, ¿te caes hacía adelante? Cuando seas más grande darás de espalda.


miércoles, 20 de abril de 2016

Don Quijote visita el Campus

 

J.R. Ramos y M. Hernandez de la Escuela de Ing. Eléctrica fotografiados por L. Chevez. 

Don Quijote en su pedestal con su autor, Carlos Escalante estudiante de Artes de la UES.

sábado, 16 de abril de 2016

El Sueño de Kafka & Monterroso

Érase una vez un Sanisidrense de cuyo nombre no quiero acordarme que soñaba que era un Sansidrense que vivía en Los Ángeles que soñaba que era un escritor que escribía acerca de un indocumentado que soñaba que veía la puesta de sol en San Isidro.




jueves, 7 de abril de 2016

lunes, 4 de abril de 2016

Matar a un Árbol








 



Harper Lee tenía toda la razón del mundo cuando escribió: "Matar un Sinsonte (o Cenzontle) es un pecado. Ellos no hacen otra cosa más que cantar para nuestro delite. Ellos no dañan los cultivos de los humanos, ni anidan en los graneros de maíz, lo único que hacen es cantar con su corazón para nosotros". El Chonte (Turdus Grayi), la especie que podemos encontrar en El Salvador, es el cantor por excelencia entre los pájaros salvadoreños. No en vano, los ticos lo han declarado su ave nacional. El chonte hace honor a su título. Pueden ver zanates, pijuyos, guacalchías, carpinteros y en casos extremos incluso torogoces escarbando en los basureros en busca de alimento. A día de hoy jamás he visto a un chonte cerca de un depósito de basura.

Si la acción de matar a un Cenzontle es un pecado; entonces la acción de matar a un árbol no tiene nombre. Hoy sin ir más lejos, encontré en el bosquecito del campus, los restos de un San Andrés, un árbol pequeño, casi un arbusto que con sus flores amarillas y sus semillas es uno de los favoritos de chiltotas cabeza amarilla y cabeza negra, azulejos, tangaras, bolseros castaños, colibries, ardillas, y otros. Tras la muerte de un árbol es solo cuestión de tiempo para que las demás formas de vida también resulten afectadas. El campus ha sido un refugio para ejemplares que huyen de las zonas arrasadas en El Salvador. Todo parece indicar que dentro de no mucho tiempo también tendrán que abandonar el campus, si las cosas no mejoran en la UES.

 Hace más de 20 años, el entonces presidente Bush, padre, se declaró a favor de talar un bosque completo en Oregon, habitat exclusivo de una especie de buho que desaparecería con el bosque: "todos los árboles son iguales" -declaró Bush- " es lo mismo cortar uno, que cortar otro". Tenía razón: ni los buhos, ni los árboles votan. Años después, su célebre hijo no se quizo quedar atrás y propuso  talar árboles para evitar incendios forestales. Aquí en el campus, no tenemos a los Bush, pero en cambio abundan los Homero Simpson, cuando ven un árbol, solamente ven leña.

miércoles, 16 de marzo de 2016

El Ajedrez y otros Demonios


En 1972, en plena guerra fría, el ex niño prodigio norteamericano Bobby Fischer se enfrentaba por el campeonato mundial de ajedrez contra el soviético Boris Spassky. Ni que decir que las implicaciones de la serie de partidos de ajedrez que disputaron Fischer-Spassky trascendían el ámbito puramente ajedrecístico. A uno y otro lado de los muros idelógicos, el morbo no se hacia esperar.

En El Salvador, como en el resto del mundo la división era entre los partidarios de Fischer contra los de Spassky. Uno de mis conocidos, que pertenecía a mi generación en el  ITI y que era un ávido lector de libros de ajedrez, nos había explicado las teorías de Fischer acerca de la manipulación que los soviéticos hacían en los torneos clasificatorios para el campeonato mundial: cualquier pretendiente al trono practicamente se debía enfrentar a 5 o más grandes maestros soviéticos en fila para acceder a una oportunidad de enfrentar al campeón mundial. Así habían evitado -según mi amigo Osorio- que Capablanca tuviera oportunidad de revancha.

Por otra parte, para las colonias culturales, lo más normal era identificarse con un chico de Brooklyn, muy parecido a los personajes de algunas películas de Hollywood, que había tenido la fuerza de despachar por sus propios medios a todo el imperio de ajedrecistas  soviéticos. Las extravancias de Fischer, parecían desde lejos tan solo extravagancias. Ahora sabemos que en realidad tenía serios problemas mentales, pero en 1972 no lo sabíamos. Se trataba de estar a favor o en contra. De las noticias se podía pensar que Fischer era un poco maleducado, y que Spassky se comportaba con cortesía. Por otra parte se podía interpretar la cortesía como una consecuencia de vivir en un sistema autoritario.

Así las cosas, el ajedrez tuvo su momento de gloria en 1972. Ni antes, ni después ha existido a nivel global el interés que despertó el ajedrez a raíz de aquel enfrentamiento. En aquel tiempo, yo estudiaba en el entonces ITI. Entre mis compañeros de estudio -interesados en el juego-  recuerdo a Quiñonez, Osorio y Guerra. Una tarde Quiñonez y Guerra se habían enfrascado con tal intensidad en una partida de ajedrez, que no se percataron que la clase de tecnología ya había iniciado. El profesor, levemente indignado por la descortesía   se dirigió a ellos y les propuso abandonar el salón de clases si deseaban continuar jugando ajedrez. Ni lentos ni perezosos, aceptaron la propuesta y se retiraron haciendo verdaderos malabarismos para no desordenar las posiciones de las piezas sobre el tablero.

La serie de partidas de ajedrez Fischer-Spasky de 1972 fue seguida a nivel mundial. En El Salvador, los periódicos publicaban al día siguiente el desarrollo de cada partida, y los que entendían algo de ajedrez se enfrescaban en discusiones entretenidas  analizando cada movimiento. Mi generación saboreó este fenómeno. Así llegó el ajedrez hasta la casa en la que vivíamos en Soyapango junto a otros amigos y conocidos de San Isidro. Recuerdo haber enseñado a jugar a varios de ellos. También, en la misma ola, llevamos el ajedrez a San Isidro. No sabría decir con seguridad si antes de 1972 ya se había jugado ajedrez en la hacienda, pero si estoy seguro de haber enseñado el juego -al menos- a un par de niños: Roberto y el Chele Luna.

La historia no tuvo un final tan feliz para Fischer, en parte debido a sus problemas mentales y en sobretodo debido a la falta de gratitud de su país. Despues de exhibirlo por todo lo alto como chico maravilla en 1972 tras destronar a los soviéticos como campeones mundiales, Fischer pasó primero al olvido, y luego fue considerado casi como un enemigo del estado. Al final solo Islandia le concedió refugio otorgándole ciudadanía plena como una forma de agradecimiento por haber colocado a Islandia en el mapa mundial, ya que la serie Fischer-Spassky tuvo lugar en Rejkiavik. Paradójicamente, una de las pocas personas que intercedió por él -ante un presidente de EE.UU.- fue Boris Spassky: cosas veredes amigo Sancho. 

Epílogo

Sería inexcusable hablar del ajedrez en El Salvador sin mencionar la participación de nuestro país en la contraolimpiada de ajedrez realizada en 1976. Hasta ese momento, nuestro país era (y sigue siendo) una cenicienta en el mundo del ajedrez; sin embargo a raíz del boicot de parte del bloque socialista y de los paises árabes en contra de la olimpiada oficial de la FIDE a celebrarse en Haifa (Israel), se organizó en paralelo una contraolimpiada en Trípoli. Los miembros de la selección nacional de ajedrez que participaron y ganaron aquella olimpiada han sido históricamente la elite del ajedrez nacional.

Así es la historia, El Salvador resultó ganando por primera y última vez un torneo mundial de ajedrez. A pesar de los pesares, y a pesar de que los detractores afirmen con sarcasmo que se trató de una especie de torneo de la segunda división del ajedrez mundial, a pesar de todo eso, El Salvador aparece en la historia del ajedrez mundial como el ganador de aquella contraolimpiada. Cosas  de la historia, ya que El Salvador estaba gobernado por militares, tradicionales aliados de EE.UU. e Israel.

Creo que este capítulo es algo así como la cola del cometa Fischer-Spassky en nuestra historia. Por primera y  única vez los ajedrecistas fueron tratados como verdaderas celebridades en El Salvador. La división entre los seguidores de Fischer y Spassky, era a lo lejos algo parecido a la división actual entre los hinchas del Barcelona y los del Madrid. Digo a lo lejos porque las diferencias culturales son insalvables.