martes, 5 de abril de 2011

Rapsodia en Marzo y los Sueños de Akira Kurosawa

En 1990, mientras vivía en Bologna, tuve la oportunidad de ver el film "Sueños" de Akira Kurosawa. Se trata de relatos cortos adaptados al cine, basados en sueños que Kurosawa tuvo a lo largo de su vida.

El sueño de los zorros, que es una bellísima fábula clásica por derecho propio, describe las peripecias de un niño (Kurosawa), tras presenciar en el bosque el desfile de personajes mitológicos (los zorros) que -so pena de muerte- jamás deben ser vistos por humanos. Al final mamá Kurosawa prepara y envía al pequeño Akira al lugar en donde nace el arcoirís, a pedir clemencia a los zorros...... Esta fábula me recuerda la leyenda del desfile del día de los muertos que teníamos en San Isidro, y que uno de mis amigos de infancia, Jorge Cerna, creía tan al pie de la letra, que el 1 y 2 de noviembre permanecía encerrado en su casa. La realidad es que Jorge, al igual que el pequeño Akira, se moría de ganas de ver el desfile de los zorros. Ojalá que algún dia haya tenido el valor de seguir esos pasos.


Otro sueño bellísimo es el de un turista japonés (Kurosawa) que visita un museo en el que se exhiben pinturas de Vincent. De alguna manera -en el sueño- Akira logra entrar al mundo de las pinturas hechas por Vincent en Provenza. Al llegar al puente cerca de Arles, pregunta a las lavanderas si conocen a Vincent, y ellas le advierten que el pintor no se encuentra muy bien de la cabeza ... "Se encuentra en el trigal...". Este sueño probablemente tiene mucho de reciprocidad, ya que además de la admiración que Van Gogh había manifestado por la técnica de los pintores japoneses, Kurosawa practicó la pintura a lo largo de su vida, bebiendo de la técnica de los impresionistas, y especialmente de Van Gogh.

El sueño del jardín de árboles de cerezos, en el que el niño Akira tiene la visión de los espiritús de los árboles de cerezos que habían sido talados, me recuerda un grupo de árboles de maquilishuat bellísimos que tuve la oportunidad de fotografiar en 2006 cerca de San Isidro, y que fueron talados de manera absurda poco tiempo después durante la construcción de una línea de distribución de electricidad. Paradójicamente, tanto el cerezo, como el maquilishuat son árboles nacionales de sus respectivos países. Pero, mientras que en Japón algunos proyectos multimillonarios, han tenido que ser modificados para no afectar árboles que son considerados patrimonio cultural; en El Salvador, como diría Aute, "hoy cualquier cerdo es capaz de quemar el edén por cobrar un seguro".


Se dice que el mayor logro del arte es cuando la vida imita al arte. Este es el caso del sueño "El Monte Fuji en Rojo" de Kurosawa, que en realidad es una pesadilla. En este sueño, Akira sueña con un desastre en una central nuclear instalada sobre el monte Fuji. Lo que en la actualidad está ocurriendo en Fukushima se queda corto en relación a esta pesadilla de Kurosawa. Debo confesar, que a diferencia del público italiano que tenía fresco el recuerdo de Chernóbil, el sueño de Kurosawa en aquel tiempo me pareció excesivamente pesimista. De hecho, a mi me causaba suma extrañeza encontrar las señales "Comune Denuclearizzato" (Municipio no Nuclear) en la entrada de ciudades pequeñas y grandes a lo largo de Italia.


Con estos signos informativos (cartelli), los municipios anunciaban con orgullo que habían votado "No" en el referendum abrogativo de 1987 acerca del uso de la energía nuclear. Esta fue una reacción típica italiana al desastre nuclear de Chernóbil. Mientras que para nosotros en Latinoamérica, Chernóbil fue solo una noticia, para Europa, Chernóbil fue una realidad bastante cercana. En el caso salvadoreño, en 1986 además de estar ocupados con una guerra, tuvimos un terremoto. Una generación después -a 25 años de Chernóbil y 24 del referendum- estás señales habían quedado en el olvido, o habían desaparecido, ya que Chernóbil se habia borrado casi por completo de la memoria mediática. De hecho, Berlusconi tenía lista a Italia para discutir de nuevo el uso de la energía nuclear... hasta que sucedió lo de Fukushima.


Hasta hace muy poco en Japón, lo relacionado al tema de la energía nuclear seguía siendo una herida abierta acerca de la cual muy pocos estaban dispuestos a hablar. Cuando un Kurosawa -muy anciano- mostró al mundo su film "Rapsodia en Agosto", las respuestas fueron muy polarizadas. Para la mayor parte de la humanidad, Kurosawa simplemente mostró el verdadero sentimiento del pueblo japonés respecto a las armas termonucleares lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945. La respuesta de los estadounidenses no se hizo esperar: Increparon a Kurosawa por la orientación del film. Como era de esperar se repitió el discurso de la infamia acerca de Pearl-Harbor. ¿Pero si Pearl Harbor fue una infamia, entonces cual sería el adjetivo justo para Hiroshima y Nagasaki? No hace falta mucha imaginación para encontrar la respuesta. En una escena del film, un grupo de niños juega en un parque memorial dedicado a las víctimas del primer ataque. Los niños examinan los monumentos donados por una diversidad de paises, incluyendo a Cuba, México, Argentina, etc. Sin embargo, el gran ausente es EE.UU. Uno de ellos pregunta ¿por qué EE.UU. no envió ningún monumento? En este caso tampoco hace falta mucha imaginación para encontrar la respuesta.

Tras la trágedia de Marzo, el premio nobel japonés Kenzaburo Óe expresó palabras muy claras respecto al tema nuclear: "Los japoneses, que conocieron el fuego atómico, no deben plantearse la energía nuclear en función de la productividad industrial, es decir, no deben tratar de extraer de la trágica experiencia de Hiroshima una receta
para el crecimiento. Al igual que en el caso de los seísmos, los tsunamis y otras calamidades naturales, hay que grabar la experiencia de Hiroshima en la memoria de la humanidad: es una catástrofe aún más dramática que las naturales porque la provocó el hombre. Reincidir, dando muestras con las centrales nucleares de la misma incoherencia respecto a la vida humana, es la peor de las traiciones al recuerdo de las víctimas de Hiroshima. Hoy comprobamos que el riesgo de las centrales nucleares se ha hecho realidad. Sea cual sea el aspecto de la catástrofe que estemos descubriendo (y con todo el respeto que siento por los esfuerzos humanos desplegados para ponerle freno), su significado no da lugar a ninguna ambigüedad: la historia de Japón ha entrado en una nueva fase y, una vez más, estamos sometidos a la mirada de las víctimas de la energía nuclear, de esos hombres y mujeres que han dado prueba de un gran valor en su sufrimiento. La lección que podremos extraer del desastre actual dependerá de la firme resolución de no repetir los mismos errores por parte de aquellos a los que se les ha concedido el derecho de vivir."

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