lunes, 6 de abril de 2026

Me Recuerdo

Siempre hay una primera vez, aunque a veces no es lo que recordamos. En este caso, el recuerdo de mi primer viaje  me remonta hasta un tiempo en que la calle que llega a San Isidro todavía era de tierra. Unas camionetas pequeñas y viejas, decoradas con imitación de madera hacían el recorrido desde el desvío de la Puerta Negra. Por alguna razón quedó grabada  en mi memoria la imagen de uno de los muchachos que cobraba el pasaje en estas pequeñas camionetas. Algunos años después cuando estrenaron "Planet of the Apes", habría jurado que se trataba de uno de los personajes de aquella película.

En aquel tiempo, no estoy seguro si el transporte de pago llegaba hasta el cruce de caminos, o cruz calle como le decimos aquí, o si llegaba hasta el portón principal de la hacienda . La clínica, la iglesia y la escuela eran construcciones recientes, y uno las podía ver a medida que caminaba hacía el portón principal de la hacienda. Durante años se siguió hablando de la Escuela Vieja y la Iglesia Vieja que ya no existían cuando yo llegué por primera vez. A ambos lados de la calle principal se podían admirar filas de palmeras plantadas de manera simétrica. Yo recorrí aquel camino por primera vez acompañando a mi Mama María, hermana de mi padre.

Seguramente llegamos después de las cuatro de la tarde, el casco de la hacienda hervía de trabajadores. Los hombres de confianza llamados "mandadores" se mostraban armados hasta los dientes y al verlos ostentando cananas, pistolas y sobreros de mariachis, se podía tener la sensación de estar en una escena de  la revolución mejicana. Las armas y las municiones no eran decorativas, estos personajes participaron con sus pistolas en la usurpación del último pedazo de tierra anexado a la hacienda a finales de los años cincuenta.

La niebla de tiempo ha borrado los detalles adicionales de aquella primera vez. Ni siquiera recuerdo el momento en que nos reunimos con mi padre, ni el viaje de regreso hasta Sonsonate. En los textos se suele hablar de imágenes poderosas, en este caso, tres o cuatro imágenes muy poderosas: las pequeñas  camionetas que llegaban a San Isidro, el cobrador que parecía personaje de "Planet of the Apes", las dos filas de palmeras que adornaban la calle principal y los matones armados hasta los dientes. Con la imagen de las palmeras debo confesar una duda existencial, no estoy seguro si la imagen de las palmeras se evoca desde un vehículo o caminando. Bueno, sesenta y cinco años no es poca cosa.   


  

sábado, 4 de abril de 2026

Nunca en Viernes santo

En Comala comprendí
Que al lugar donde has sido feliz
No debieras tratar de volver

SABINA

En Comala, en Macondo y también en San Isidro comprendimos que uno nunca debería intentar volver al lugar en el que ha sido feliz. Hace más de medio siglo pensábamos y afirmábamos que pasar un Viernes Santo lejos de San Isidro era la experiencia más triste que uno podría imaginar. Al final, la vida se encarga de poner las cosas en su sitio y un buen día en el noventa o en el noventa y uno, mientras salía del trabajo en la pequeña ciudad italiana de Sasso Marconi, me percaté con estupor que había pasado por alto que aquel día era nada menos que Viernes Santo. 

La magia de San Isidro, aparte de afectar solamente a los que nacieron, crecieron, o simplemente pasaron por aquí, también precisa una credulidad infinita. Cosa aparte son la caducidad temporal y las limitaciones geográficas. En aquel tiempo se decía que los que bebían agua del Corral, estaban condenados a volver y volver  hasta el final de los tiempos, quizás un poco exagerado decirlo de esa manera, pero entonces éramos jóvenes y no sabíamos que el atributo tenía caducidad, igual que la magia.

Heme aquí intentando llenar esta página en blanco mientras que la lluvia juguetona remoja la geografía del occidente salvadoreño y de paso quizás arruina los planes de fuga de incontables parejas durante la noche de Viernes Santo trazados con esmero al amparo de tradiciones inmemoriales. Está de más negar que del cambio climático y sus efectos no se salva ni el patrimonio inmaterial de la humanidad. Desde la otredad solo me queda imaginar a los que se quedaron, los que nunca se fueron, caminando bajo la lluvia mansa de abril en esta noche de viernes que sin quererlo ya es sábado.


viernes, 30 de enero de 2026

Tres Historias de San Isidro

A finales de los años sesenta se popularizó en El Salvador la marca de cigarrillos "Praditos". En plena campaña para impulsar la nueva marca, un sábado de pago aparecieron en San Isidro varios vehiculos con parlantes anunciando la promoción  de mostrar una cajetilla de Praditos y recibir otra de manera completamente gratuita.

Nuestro personaje, Toño "Pancho" se presentó ante los promotores, que habían armado una especie de stand en las inmediaciones de la Ceiba de San Isidro y mostró su cajetilla de cigarrillos marca "Nacionales". 

- Señor, la cajetilla que usted ha mostrado no vale. Esta promoción es solo para cigarrillos "Praditos"

Pancho pensó la situación durante algunos segundoa y dijo:

- ¡Y que no son de la Constancia, también!