Siempre hay una primera vez, aunque a veces no es lo que recordamos. En este caso, el recuerdo de mi primer viaje me remonta hasta un tiempo en que la calle que llega a San Isidro todavía era de tierra. Unas camionetas pequeñas y viejas, decoradas con imitación de madera hacían el recorrido desde el desvío de la Puerta Negra. Por alguna razón quedó grabada en mi memoria la imagen de uno de los muchachos que cobraba el pasaje en estas pequeñas camionetas. Algunos años después cuando estrenaron "Planet of the Apes", habría jurado que se trataba de uno de los personajes de aquella película.
En aquel tiempo, no estoy seguro si el transporte de pago llegaba hasta el cruce de caminos, o cruz calle como le decimos aquí, o si llegaba hasta el portón principal de la hacienda . La clínica, la iglesia y la escuela eran construcciones recientes, y uno las podía ver a medida que caminaba hacía el portón principal de la hacienda. Durante años se siguió hablando de la Escuela Vieja y la Iglesia Vieja que ya no existían cuando yo llegué por primera vez. A ambos lados de la calle principal se podían admirar filas de palmeras plantadas de manera simétrica. Yo recorrí aquel camino por primera vez acompañando a mi Mama María, hermana de mi padre.
Seguramente llegamos después de las cuatro de la tarde, el casco de la hacienda hervía de trabajadores. Los hombres de confianza llamados "mandadores" se mostraban armados hasta los dientes y al verlos ostentando cananas, pistolas y sobreros de mariachis, se podía tener la sensación de estar en una escena de la revolución mejicana. Las armas y las municiones no eran decorativas, estos personajes participaron con sus pistolas en la usurpación del último pedazo de tierra anexado a la hacienda a finales de los años cincuenta.
La niebla de tiempo ha borrado los detalles adicionales de aquella primera vez. Ni siquiera recuerdo el momento en que nos reunimos con mi padre, ni el viaje de regreso hasta Sonsonate. En los textos se suele hablar de imágenes poderosas, en este caso, tres o cuatro imágenes muy poderosas: las pequeñas camionetas que llegaban a San Isidro, el cobrador que parecía personaje de "Planet of the Apes", las dos filas de palmeras que adornaban la calle principal y los matones armados hasta los dientes. Con la imagen de las palmeras debo confesar una duda existencial, no estoy seguro si la imagen de las palmeras se evoca desde un vehículo o caminando. Bueno, sesenta y cinco años no es poca cosa.
