Me recuerdo que esta historia debe haber acontecido después de junio de mil novecientos setenta y uno, es decir después del fallecimiento de Jorge Luis Cuellar Aguilar, el trabajador social que llegó a San Isidro en la segunda mitad de mil novencientos setenta, contratado por los nuevos propietarios de San Isidro, la familia Mathies Regalado. Tras aquel desenlace, continuamos por inercia con las actividades del club juvenil 7-21 que Jorge Luis Cuellar Aguilar había organizado.
Fue un sábado por la mañana, en aquel tiempo estudiaba Bachillerato Industrial y regresaba a San Isidro puntualmente todos los viernes por la tarde. Las clases en el Instituto Técnico Industrial terminaban un poco después de las cuatro de la tarde. A partir de ese momento tenía los minutos contados para llegar al desvío de la Puerta Negra a tiempo para alcanzar el autobus de la ruta 209 de salía a las cinco de la tarde de Sonsonate y llegaba un poco antes de las cinco y media a la Puerta Negra.
Como decía, fue un sábado por la mañana y me encontraba en casa de mi Padre haciendo nada, cuando aparecieron los agentes de la Guardia Nacional que se encontraban destacados en San Isidro, y junto a ellos tambien se encontraba un hombre moreno, no tan alto, que aparentemente no se había afeitado, y bueno la primera impresión no fue la mejor. Uno de los guardias fue directo al asunto:
- Le presento al señor Tony Acosta, él quiere hacer una presentación aquí en San Isidro con el grupo de Marito Rivera.
Yo le expliqué a la delegación de representantes de Tony Acosta, que el club 7-21 tenía el proyecto de recaudar fondos para comprar un silla de ruedas para una niña inválida que vivía en la misma calle que mi Padre, y bueno los detalles son un poco borrosos después de cincuenta y cinco años pasados desde aquella historia, pero aparentemente la iniciativa recibió el visto bueno tanto del cantante; como de los guardias.
Así fueron los hechos que hicieron posible el concierto de Tony Acosta en San Isidro, acompañado por un músico hasta entonces no muy conocido, que no por casualidad en estos días está celebrando cincuenta y cinco años de carrera. Como decía Sergio Gallardo cada vez que presentaba al cantante en los tiempos en que hacia de conductor del programa Exitos Musicales del canal seis los sábados por la noche en los años setenta y ochenta:
-Aunque les duela a algunos, aquí está el mayor vendedor de discos en la historia de El Salvador.
Según me relató mi Padre, el concierto fue un éxito total, además de los de San Isidro, la gente llegó desde Santo Tomás, Las Marías, y bueno desde todas las fincas. Yo seguramente que tenía un examen o algo parecido, y no pude asistir. En aquel tiempo, la casa comunal no existía, así que posiblemente el show lo hicieron en el mercado, o en alguna de las bodegas del ingenio en la que organizaban los bailes de las fiestas patronales.
Hasta aquí todo bien, pero los finales felices son para cuentos de hadas, y la censura tampoco los permite. Al intentar seguir el rastro del dinero del concierto, pues bueno, alguien le había echado mano y comenzaron las historias inventadas, y las mentiras no tan piadosas. No por casualidad, para salvar al presunto implicado, de manera milagrosa, el sindicato de trabajadores del ingenio decidio donar la silla de ruedas. THE END.
