martes, 28 de abril de 2026

El Concierto

Me recuerdo que esta historia debe haber acontecido después de junio de mil novecientos setenta y uno, es decir después del fallecimiento de Jorge Luis Cuellar Aguilar, el trabajador social que llegó a San Isidro en la segunda mitad de mil novencientos setenta, contratado por los nuevos propietarios de San Isidro, la familia Mathies Regalado. Tras aquel desenlace, continuamos por inercia con las actividades del club juvenil 7-21 que Jorge Luis Cuellar Aguilar había organizado.

Fue un sábado por la mañana, en aquel tiempo estudiaba Bachillerato Industrial y regresaba a San Isidro puntualmente todos los viernes por la tarde. Las clases en el Instituto Técnico Industrial terminaban un poco después de las cuatro de la tarde. A partir de ese momento tenía los minutos contados para llegar al desvío de la Puerta Negra a tiempo para alcanzar el autobus de la ruta 209 de salía a las cinco de la tarde de Sonsonate y llegaba un poco antes de las cinco y media a la Puerta Negra.

Como decía, fue un sábado por la mañana y me encontraba en casa de mi Padre haciendo nada, cuando aparecieron los agentes de la Guardia Nacional que se encontraban destacados en San Isidro, y junto a ellos tambien se encontraba un hombre moreno, no tan alto, que aparentemente no se había afeitado, y bueno la primera impresión no fue la mejor.  Uno de los guardias  fue directo al asunto:

- Le presento al señor Tony Acosta, él quiere hacer una presentación aquí en San Isidro con el grupo de Marito Rivera.

Yo le expliqué a la delegación de  representantes de Tony Acosta, que el club 7-21 tenía el proyecto de recaudar fondos para comprar un silla de ruedas para una niña inválida que vivía en la misma calle que mi Padre, y bueno los detalles son un poco borrosos después de cincuenta y cinco años pasados desde aquella historia, pero aparentemente la iniciativa recibió el visto bueno tanto del cantante; como de los guardias. 

Así fueron los hechos que hicieron posible el concierto de Tony Acosta en San Isidro, acompañado por un músico hasta entonces no muy conocido, que no por casualidad en estos días está celebrando cincuenta y cinco años de carrera. Como decía Sergio Gallardo cada vez que presentaba al cantante en los tiempos en que hacia de conductor del  programa Exitos Musicales del canal seis los sábados por la noche en los años setenta y ochenta:

 -Aunque les duela a algunos, aquí está el mayor vendedor de discos en la historia de El Salvador.

Según me relató mi Padre, el concierto fue un éxito total, además de los de San Isidro, la gente llegó desde Santo Tomás, Las Marías, y bueno desde todas las fincas. Yo seguramente que tenía un examen o algo parecido, y no pude asistir. En aquel tiempo, la casa comunal no existía, así que posiblemente el show lo hicieron en el mercado, o en alguna de las bodegas del ingenio en la que organizaban los bailes de las fiestas patronales. 

Hasta aquí todo bien, pero los finales felices son para cuentos de hadas, y la censura tampoco los permite. Al intentar seguir el rastro del dinero del concierto, pues bueno, alguien le había echado mano y comenzaron las historias inventadas, y las mentiras no tan piadosas. No por casualidad, para salvar al presunto implicado, de manera milagrosa, el sindicato de trabajadores del ingenio decidio donar la silla de ruedas.  THE END.


lunes, 6 de abril de 2026

Me Recuerdo

Siempre hay una primera vez, aunque a veces no es lo que recordamos. En este caso, el recuerdo de aquel primer viaje  me remonta hasta un tiempo en que la calle que llega a San Isidro todavía era de tierra. Unas camionetas pequeñas y vetustas, decoradas con imitación de madera hacían el recorrido desde el desvío de la Puerta Negra. Por alguna razón quedó grabada  en mi memoria la imagen de uno de los adolescentes, casi un niño que cobraba el pasaje en estas camionetas. Algunos años después cuando estrenaron "Planet of the Apes", habría jurado que se trataba de uno de los personajes de aquella película.

En aquel tiempo, no estoy seguro si aquellos vejestorios llegaban hasta el cruce de caminos, o cruz calle como le decimos aquí, o si llegaban hasta el portón principal de la hacienda. La Clínica, la Iglesia y la Escuela eran construcciones recientes, y uno las podía ver a medida que se movía desde el cruce de caminos hasta el portón principal de la hacienda. Durante años se siguió hablando de la Escuela Vieja y la Iglesia Vieja que ya no existían cuando yo llegué por primera vez. A ambos lados de la calle principal se podían admirar filas de palmeras plantadas de manera simétrica. Yo recorrí aquel camino por primera vez acompañando a mi Mama María, hermana de mi padre.

Seguramente llegamos después de las cuatro de la tarde, el casco de la hacienda hervía de trabajadores. Los hombres de confianza llamados "mandadores" se mostraban armados hasta los dientes y al verlos ostentando cananas, pistolas y sombreros de mariachis, se podía tener la sensación de estar en una escena de una película de  la revolución mejicana. Las armas y las municiones no eran decorativas, estos personajes participaron  pistola en mano durante  la usurpación del último pedazo de tierra anexado a la hacienda a finales de los años cincuenta. Al fin y al cabo para algo "bueno" sirve la ley, y su interpretación auténtica.

La niebla del tiempo ha borrado los detalles adicionales de aquella primera vez. Ni siquiera recuerdo el momento en que nos reunimos con mi padre, ni el viaje de regreso hasta Sonsonate. En los textos, en los poemas y  en las canciones se suele hablar de imágenes poderosas. En este caso existen tres o cuatro imágenes a prueba de olvido: las pequeñas  y vetustas camionetas que llegaban a San Isidro, el cobrador niño que parecía personaje de "Planet of the Apes", las dos filas de palmeras que adornaban la calle principal y los matones armados hasta los dientes. Con la imagen de las palmeras debo confesar una duda existencial, no estoy seguro si la imagen de las palmeras se evoca desde un vehículo en marcha o caminando. Con los matones no tengo ninguna duda....  

sábado, 4 de abril de 2026

Nunca en Viernes santo

En Comala comprendí
Que al lugar donde has sido feliz
No debieras tratar de volver

SABINA

En Comala, en Macondo y también en San Isidro comprendimos que uno nunca debería intentar volver al lugar en el que ha sido feliz. Hace más de medio siglo pensábamos y afirmábamos que pasar un Viernes Santo lejos de San Isidro era la experiencia más triste que uno podría imaginar. Al final, la vida se encarga de poner las cosas en su sitio y un buen día en el noventa o en el noventa y uno, mientras salía del trabajo en la pequeña ciudad italiana de Sasso Marconi, me percaté con estupor que había pasado por alto que aquel día era nada menos que Viernes Santo. 

La magia de San Isidro, aparte de afectar solamente a los que nacieron, crecieron, o simplemente pasaron por aquí, también precisa una credulidad infinita. Cosa aparte son la caducidad temporal y las limitaciones geográficas. En aquel tiempo se decía que los que bebían agua del Corral, estaban condenados a volver y volver  hasta el final de los tiempos, quizás un poco exagerado decirlo de esa manera, pero entonces éramos jóvenes y no sabíamos que el atributo tenía caducidad, igual que la magia.

Heme aquí intentando llenar esta página en blanco mientras que la lluvia juguetona remoja la geografía del occidente salvadoreño y de paso quizás arruina los planes de fuga de incontables parejas durante la noche de Viernes Santo trazados con esmero al amparo de tradiciones inmemoriales. Está de más negar que del cambio climático y sus efectos no se salva ni el patrimonio inmaterial de la humanidad. Desde la otredad solo me queda imaginar a los que se quedaron, los que nunca se fueron, caminando bajo la lluvia mansa de abril en esta noche de viernes que sin quererlo ya es sábado.


domingo, 31 de diciembre de 2023

31 diciembre

El hecho de estar vivo te compensa de lo que te hace la vida
Rushdie

  



lunes, 24 de abril de 2023

50 años no son nada

Dago, Mercy, Wilfredo, Oscar, Claudia, Clari, Ena, Maricela, Saúl, Raúl, Lito y Carlos Alonzo.  

Esta fotografía tendrá casi medio siglo de haber sido tomada. Era una tarde de domingo y nada más. Tan solo una tarde de domingo. Entonces éramos jóvenes, pero no lo sabíamos. Tampoco sabíamos que la cámara era la botella de la canción de Jim Croce, que sirve para guardar el tiempo hasta la eternidad. Nada es igual, algunos ya no están y a lo mejor la vida vale menos que una rueda detenida. Es una pena haber perdido el camino de regreso. 


 

jueves, 6 de abril de 2023

Un Desconocido más en una Ciudad de Desconocidos Ilustres

 "Era un desconocido más en una ciudad de desconocidos ilustres". Estas palabras del Gabo serían un buen epitafio para nuestro desconocido ilustre. Yo añadiría que era un ejemplar de rara avis, de esas especies que sólo aparecen después de años de ausencia en el Campus, difícil de etiquetar en un Claustro en el que todo el mundo etiqueta a todo el mundo. Vivió incontables cierres del Campus, de todas las marcas y colores. También era una prueba viviente de que Alberti tenía toda la razón del mundo cuando afirmó: "Envejecen los ojos, pero no la mirada". Nuestro desconocido ilustre siempre tuvo la mirada joven para apreciar lo que el mundo permite apreciar. No veía la hora en la que el Joker por fin volvería a la casa de color blanco. Una prueba de que incluso los desconocidos ilustres pueden ser embaucados por personajes que ni en los Comics llegarían a ser alcaldes de Ciudad Gótica.


sábado, 31 de diciembre de 2022

La noche de San Silvestre 2022

Dejaba pasar los minutos escuchando la Radio Clásica de Nueva York, ya faltaban pocos minutos para la media noche en Nueva York y la programación estaba pensada para el coro final de la novena sinfonía iniciara justamente  cuando el reloj indicaba el nuevo año. Desde que escucho dicha radio, siempre es así, la novena de Beethoven es seleccionada por los escuchas de la WQXR como la número uno de entre una lista de más de cien obras clásicas y a menos que surja en mi tiempo un compositor más grande, así seguirá siendo.

En los años anteriores lo malo solía venir después cuando los salvacuacos se dejan ir con toda la pólvora legal o ilegal que tienen a la mano para celebrar el año nuevo. Es cosa de al menos media hora de ruido y humo que pone a prueba el sistema nervioso de humanos y animales. Entonces, como decía al principio, escuchaba resignado la Radio Clásica de Nueva York, sabiendo que una hora más tarde estallaría el pandemonium aquí en Salvacuacolandia.

Y de repente milagro, comenzó a llover cual si nunca hubiera llovido así durante la noche de San Silvestre, un santo bastante renuente a conceder milagros de acuerdo a Michael Ende, pero algo es algo. Ojalá que el milagro sea de tiempo completo y llueva hasta la una, y al menos por esta vez nos salvemos de la insensatez y de los insensatos.